Terminadas las guerras napoleónicas, el mapa mundi quedó cambiado física y moralmente. Han caído los imperios, se han liberado las colonias, naturalmente, algunas por el bien, otras por el mal. Siglos antes los romanos se dieron cuenta que si quieres cosechar, tienes que sembrar, quiere decir que si se va a saquear un pueblo sometido, llegará el día en que no quedará nada, de modo que si no se invierte un mínimo en mejorar el modo de vida de los pobladores, pronto se verán en apuros hasta los invasores. Por esa razón los romanos construían carreteras, puentes, acueductos, teatros, coliseos, baños públicos y otras obras de infraestructura. Naturalmente que todo esto era para facilitar el desplazamiento de tropa, sin embargo favorecía enormemente el comercio entre las provincias y de esta forma siempre se podían cobrar impuestos y peajes. Los romanos tenían un dicho: al pueblo pan y circo; qué significaba esto; mientras los habitantes de cualquier estado tienen las tres comidas diarias aseguradas y además les queda tiempo libre y posibilidad económica para el recreo o la diversión, es muy poco probable que este pueblo se levante en armas o huelgas para derrocar al gobierno. Después de 2000 años este dicho tiene la misma vigencia y validez. En el argot popular de hoy sería como trabajo bien remunerado y para todos, sistema de salud socializado, acceso a la educación para todos, seguridad social y garantía de la propiedad. El mandatario de turno que no esté claro con esta regla de oro, es muy difícil que se aguante por mucho tiempo en el poder, aunque no sea por medio de las armas, el pueblo siempre reaccionará contra el régimen.
Los pueblos, que en su mayoría están formados por gente normal, sin malicia, casi inocentes, preocupados de su entorno inmediato, su trabajo, la salud, la familia, los amigos y todas estas cosas simples de la vida viven creyendo en los políticos con la esperanza (muchas veces lo dudan) de que por fin superarán sus problemas inmediatos: salud, vivienda, vialidad, salubridad, alimentación, educación.
Curiosamente el candidato más populista (entiéndase mentiroso) es el que más posibilidades tiene de ganar la contienda electoral. El honesto y sincero casi siempre pierde. Conozco un personaje que se lanzó como candidato para el gobierno regional, un hombre preparado, con un gran sentido de responsabilidad social, decía siempre la verdad, en las elecciones los pocos votos que obtuvo fueron de su entorno más cercano.
Pareciera que lo mejor para un candidato o mandatario es tomar el camino intermedio en sus promesas, ser corto en sus discursos pero efectivo, claro y convincente. No hablar con las manos, sino con la boca, medir las palabras, no agredir al oponente, debe dejar claro y demostrar que él es la mejor opción. Una vez en el poder, lo primero es acometer la solución de los problemas inmediatos, sin mirar si son nuevos o del gobierno anterior manteniendo informado al pueblo de los avances y el desarrollo de los asuntos más importantes y apremiantes sin dejar de mencionar los planes factibles a corto, mediano y largo plazo.
Es bueno tener presente que el gobierno que no cuenta con estos requisitos, pronto quedará a la deriva, porque todos los esfuerzos y dinero se irán en paños calientes, soluciones inmediatistas que no conducen a soluciones definitivas.
Sin planes no hay progreso alguno. De modo que lo más prudente es tenerlos. Es de suma importancia que el pueblo participe en las decisiones de trabajos, obras, inversiones de envergadura por medio de algún tipo de consulta popular. Así los pobladores podrán decidir cuáles son las obras de más urgencia. Esta práctica está en uso desde hace mucho tiempo en Suiza.
Otra cosa importante para un gobernante es no caer en excusas de escasa credibilidad, tales como: “el Banco Mundial no quiere dar crédito… El ministro se equivocó… La culpa la tiene el gobierno anterior”. Un buen mandatario no se deja llevar por bajezas, reconoce el problema, lo explica y lo remedia. También sería bueno oír a los gobernantes decir siempre “hicimos” y no “vamos a hacer”.
Importante es siempre mantener dentro del cuadro lógico de las cosas, apoyados siempre de las matemáticas, porque éstas no se equivocan, así siempre se sabrá en qué punto se encuentran los negocios del gobierno. Vale la pena mencionar que los gobernantes deben poner cuidado en el personal de apoyo, llámense ministros asesores, directores y otros, siempre exigir la verdad por más cruda que sea. Por esta razón, los colaboradores tienen que ser de suma confianza y así, sin miedo, suministrar datos confiables. Para después calcular los resultados y tomar nuevas decisiones. Durante la última década en Latinoamérica han proliferado organizaciones, no del tipo político directo o sindical, sino más bien recuerdan los frentes populares españoles creados como contrapartida al nacimiento del fascismo, los inspirados por Lenin y Trotski en el Moscú del año 1919 que, en el marco de la 3ª Internacional Comunista con el nombre de Komitern, propugnaba la lucha de clases. Generaron una verdadera anarquía o caos social y un empobrecimiento aún mayor de los grupos desposeídos y marginados. De lo contrario corren el riesgo de caer en baño de sangre y con muchas posibilidades de la pérdida del poder.
Un dato para los gobernantes: Ningún mandatario en cualquier sistema político monárquico, capitalista, democrático, socialista o comunista debe olvidar el consejo de un hombre sabio que dijo: “Comparte tu mesa con los pobres, porque grave se pone la cosa cuando éstos deciden compartirla contigo’. Sobran las explicaciones.