jueves, 28 de mayo de 2009

Milan Stampar Cermak

Nació en Zagreb, República Independiente de Croacia, (NDH, por sus siglas en croata), el 24 de octubre de 1942, en medio de la II Guerra Mundial.
Muy pequeño y sin percatarse aún su mente infantil de los furores de una guerra cruel y atroz inventada por el hombre, se muda con su madre a una pequeña ciudad de montaña a 20 kilómetros de distancia, la querida Samobor de sus recuerdos.
Ruza, su madre, una mujer joven de carácter fuerte y decidido, toma tal decisión por la inseguridad reinante en la ciudad, ocupada por Alemania e Italia, donde escaseaban la comida, las medicinas, el trabajo y, sobre todo para criar con sosiego al pequeño Milan.
Luego de una guerra de guerrillas interna Josip Broz (Tito) asciende al poder con apoyo de los Aliados y bajo la condición de mantener un gobierno alejado del Bloque Soviético.
Tito acepta, y “construye” la República Federativa de Yugoslavia, una suerte de Comunismo Light, bien visto por los Aliados, ahora vencedores.
En el marco referencial político, va creciendo y cursa Primaria, Secundaria y la Escuela Técnica de la pequeña ciudad de Samobor, rodeada de pinos y visitada por turistas nacionales y extranjeros. Samobor se convierte en un centro de encuentro de culturas y referencias históricas que van más allá de lo conocido por el joven y que van despertando en él la curiosidad por “ver más allá de las fronteras patrias”.
Regresa a Zagreb, la capital, a continuar sus estudios universitarios. Vive la bonanza del sistema; lee mucho, los libros llegan a las bibliotecas, a su Escuela Superior, a su casa, a él…
Decide viajar y vivir lo leído. Va a Italia, Austria, Suiza, Alemania, Francia, compara y amplía su visión del mundo y del devenir de los pueblos, empieza a anotar sobre el papel de un viejo cuaderno los conocimientos y sus vivencias.
No es excepcional ni nada nuevo para un joven, curioso por naturaleza, que al concluir sus estudios universitarios decide volar a América en busca de novedades que le han permitido ampliar su visión de un mundo que no ha dejado de cambiar; conoce costumbres, tradiciones y formas de gobierno diferentes que logra entender debido al dominio de seis idiomas que le han quedado como regalo de la vida.
En Paraguaná, donde le han arrojado los vendavales de la vida, la brisa suave de la Providencia le ha permitido formar una familia y ejercer profesionalmente como Ingeniero Naval, sin título pues éste se quedó en Zagreb, hasta hace apenas unos años cuando regresó y constructor, no sólo de casas, galpones y edificios, sino de sueños y verdades que ha vivido con una gran fuerza interior. Alegre y versátil, así es este hombre curtido por la vida y sediento de aprender siempre más.

Milan Stampar falleció en nuestro país, en noviembre de 2015.

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